
Alimentación y cerebro: qué hábitos se vinculan con una mejor función cognitiva a largo plazo
Redacción M1
Cuidar la memoria, la atención y la velocidad mental dejó de ser un tema exclusivo de la vejez: hoy forma parte de una preocupación creciente en salud pública. En ese escenario, un amplio estudio observacional difundido en JAMA Neurology sumó evidencia sobre un factor cotidiano que puede inclinar la balanza a favor del cerebro: la alimentación.
Qué dicen los especialistas sobre la alimentación para tener una mejor función cognitiva
El trabajo analizó datos de aproximadamente 159.347 profesionales de la salud en Estados Unidos y comparó seis patrones dietéticos.
Entre todos, el esquema que mostró la relación más clara y sostenida con una menor pérdida de capacidades mentales fue la dieta DASH (Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión), un modelo pensado originalmente para la salud cardiovascular y la presión arterial, pero que también se asocia con beneficios a largo plazo en la función cognitiva.
La DASH promueve frutas y verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y lácteos bajos en grasa. En paralelo, desalienta el exceso de sodio y limita dulces y grasas saturadas. En la lectura general del estudio, el mensaje es menos “milagroso” y más realista: lo que parece proteger no es un alimento aislado, sino la consistencia de un patrón saludable sostenido con los años.
Los mejores resultados se vincularon con mayor consumo de pescado y vegetales, junto con una reducción marcada de carnes rojas y procesadas. En el otro extremo, el consumo frecuente de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados se asoció con un desempeño mental más bajo.
Un dato clave fue el momento de la vida en que se adoptan estos hábitos. Los beneficios se vieron con más fuerza cuando la alimentación se evaluó en la adultez media, especialmente entre los 45 y 54 años, lo que sugiere un efecto preventivo.
Los autores remarcaron límites esperables: es un estudio observacional y la mayoría de los participantes eran profesionales blancos, lo que puede acotar la generalización. Aun así, la conclusión práctica es clara: cambios graduales, más cereales integrales, verduras y pescado, ofrecen una base sólida para pensar en salud cerebral a futuro.



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